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CCVK: cerveza en el corazón de Vallecas hecha en familia
Daniel de Julián y su hijo de Arturo trabajan mano a mano en la fábrica vallecana de una de las cerveceras más reconocidas del sector en Madrid
La Compañía de Cervezas Valle del Kash (CCVK) es una empresa netamente familiar. Lo es en su concepción y lo es en su día a día, donde Daniel de Julián y Arturo de Julián , padre e hijo, trabajan codo con codo para sacar adelante un proyecto que nació en el corazón del madrileño barrio de Vallecas en lo que fuera una fábrica de lejía propiedad de la familia y en la que la historia familiar, empresarial y social del barrio se acumula.
La historia de CCVK es una historia de un proyecto personal de Daniel de Julián y se remonta a 2016, cuando se hizo la primera elaboración de la cervecera: la mítica Red Kash, una cerveza que aún sigue en el catálogo nueve años después. Se elaboraron 1.000 litros. “Era la cerveza que hacíamos en casa y la que más me gustaba” recuerda Daniel, uno de los profesionales más reconocidos del sector hoy en día e impulsor de la recientemente constituida Asociación de Cerveceras de la Comunidad de Madrid, que agrupa a todos los fabricantes de la región.
Dani ‘de CCVK’ como se le conoce en la profesión, se puso manos a la obra en el local de la calle Enrique Velasco que hoy ocupa el Tap Room de la cervecera (hace dos años abrieron una fábrica más amplía en Entrevías, en la calle Manuel Laguna) y dos años después entró en contacto por primera vez con el mundo de la cerveza a nivel profesional su hijo Arturo, que durante unos meses colaboró como ayuda familiar en la implantación del proyecto. Recuerda que eran tiempos en los que bajaba “montado a la fábrica montado en la moto con mi padre”.
Cocinero de profesión, con experiencia en alguno de los mejores restaurantes de Madrid y España, Arturo veló armas en varios proyectos gastronómicos de primer nivel como Zuberoa en San Sebatián, Santceloni, La Terraza del Casino o Saddle. Una inmersión en toda regla en el mundo de la alta cocina, una de las pasiones de Arturo al que, sin embargo, la vida le llevó en 2020 a tomar la decisión de incorporarse al proyecto familiar. Dejó los aperos de cocinar sólido para coger los de cocinar líquido en junio de 2020, en plena Pandemia. Fue un cambio muy meditado.
Mano a mano desde 2020 con un ‘aperitivo’ en 2018
Sobre aquel trasvase, Arturo explica que “la experiencia de 2018 me ayudó mucho. Ya había aprendido de todo. Cuando entré ya oficialmente en el 2020, me empecé a encargar del control de la fermentación, embarrilar, limpieza, embotellado…”
Desde entonces, Daniel y Arturo forman una dupla laboral perfectamente compenetrada. Cuentan que cada uno tiene sus funciones en el día a día de la fábrica y de la empresa, un día a día donde Arturo reconoce “que a veces no es fácil decir las cosas porque estás trabajando con tu padre. Siento más responsabilidad porque veo lo que mi padre curra”
Dani sin embargo ve las cosas con la perspectiva que da la edad y una experiencia familiar que se remonta a generaciones: “Mi padre trabajó con mi abuelo y yo trabajé también con mi padre” y añade que “a veces se tienen discusiones fuertes, pero a pesar de ello, trabajar en familia, en este caso, con mi hijo, tiene más ventajas que inconvenientes”
Sobre esa relación de padre e hijo fuera y dentro de la fábrica, Daniel advierte que en el trabajo “no mando más que lo que tengo que mandar. Arturo ha ido cogiendo poco a poco más funciones y eso es algo que se ha ido consiguiendo de forma muy natural y fluida”
En la operativa diaria de la fábrica, los roles de Dani y Arturo están perfectamente delimitados, aunque muchas veces haya que hacer de todo como en cualquier empresa familiar, una circunstancia a la que se une la “satisfacción de trabajar con tu hijo en una profesión muy reconocida, que mola y que es bonita. Hacer cerveza es un arte noble y además, siempre se va a beber cerveza”
3 de noviembre de 2025